Cuando la vida te ofrece un sueño que supera con creces cualquiera de tus expectativas, no es razonable lamentarse de su conclusión.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Destino

Quisiera encontrar las palabras adecuadas para describir todas las sensaciones que he experimentado desde el momento que te conocí, pero por mucho que he borrado una y otra vez estas líneas, soy incapaz de encontrar palabras mejores.
Ya te he dicho en diversas ocasiones que nunca creí en el destino. Pero en el momento que apareciste tú, hubo algo en mi interior que se reveló y me susurró "Es él". Desconozco si fue el destino, las circunstancias o la casualidad quien nos llevó a hablar por primera vez ese verano. Pero no me canso de agradecer día tras día a quién fuera que te pusiese en mi camino por permitirme conocer a la persona más maravillosa que existe en mi vida.
Apenas te conocía de unos cuantos días, y ya odiaba todo aquello que te hacía daño y que lograba apagar el brillo de tu luz. Odiaba esa estrella que fue capaz de cegarte con su luz falsa. La odiaba porque adquirió el poder de hacerte daño, porque utilizó ese poder en tu contra, porque se aprovechó y intentó tenerte a su merced. Porque pensó que su luz era la más bella, y fue incapaz de apreciar la tuya. No quería ni pensarlo. Era injusto.
Injusto. Injusto. Injusto. Pero un buen día, abriste los ojos. Esa estrella se esfumó de tu firmamento. Se asustó de la luz que desprendías, no quería que nadie le hiciese sombra.
Volviste a brillar. Volviste a sonreir. Volviste a volar. Hasta que te encontraste de nuevo conmigo. Alguien también herido, que no creía en los cuentos de hadas. Alguien que al verte, quedó prendido de tu luz cálida. Alguien que se estremeció en el momento que le abrazaste por primera vez. Alguien incapaz de controlar su respiración cuando te colocabas a escasos centímetros. Alguien que te observaba y pensaba que nunca existiría nadie que te mereciera. Alguien que desde el momento que te conoció, comprendió que anhelaba una luz como la tuya. Como la Tierra que se congela si no recibe la luz de su Sol.
Pasaron más días, y me conformaba con tan solo tu compañia, mientras ese algo en mi interior me repetía constantemente "Es él". Pero me negaba a ser una egoista.
Y entonces, llegó un día 8. Nevó. Fue sin duda el día más especial en mi vida. ¿Cosa del destino? Quien sabe. Parecía todo hecho a propósito, sacado de un cuento de hadas. No podía ocultarlo más. Te quería. Mi corazón te pertenecía. Y mi destino, por consecuencia. Decidí ser egoista, cogerte entre mis brazos, y juré no soltarte jamás.

1 comentario:

  1. Cada vez q veo tu fotografia,
    veo algo nuevo,
    q antes no veia,
    y me haces sentir,
    lo que nunca creí.
    Siempre te he mirado con emoción,
    eras más que una amiga,
    pero de repente lo eres todo para mi,
    mi principio, y mi fin.

    ResponderEliminar